Mis cuarenta empezaron con 4 años de retraso cuando mi chica y yo enredamos los manillares y acabamos en el hospital (público y de servicio universal) ella con el codo roto y yo con la clavícula. Pasados 18 meses, de secuelas permanecen unas pocas molestias físicas pero si algún gramo de más que resulta muy difícil de hacer desaparecer de la báscula. Pero seguimos con las bicis cuando podemos, y a partir del mes que viene esperamos que con TALASOPONIENTE en el FOMENTO de GIJÓN.
Seguiré hablando de lo cansado que es ser joven en próximas entradas que espero convertir en más regulares (y que no superen las 100 palabras)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario