Los desplazamientos inter islas con Binter ya que resultó imposible en ferry coordinar los días y destinos. En La Palma 3 noches, y otras tres en El Hierro. La finalización dos días en Santa Cruz de Tenerife. El coste total de los billetes aéreos unos 600€ para los dos.
Para movernos en las dos islas pequeñas CICAR fue lo más asequible y económico por internet, con la ventaja adicional de que su precio incluye todo el seguro y franquicias.
En La Palma nos alojamos en Los Cancanjos, zona turística un poco venida a menos entre el aeropuerto y la capital. Nuestro interés fue patear la Caldera de Taburiente y su borde exterior cercano al Roque de los Muchachos. La isla es realmente 'bonita', agreste, verde, boscosa, conservada, rural y con una sensación de notable tranquilidad, que se agradece. La temperatura no muy alta,y de hecho frío en las cumbres con algo de nieve aún. Toda llena de sendas trek señalizadas, no así los pueblos donde muchos no tienen ni rótulo. Carreteras cuidadas o en construcción parte de ellas, muy reviradas, agitadas, vertiginosas; la población se concentra en una meseta costera por encima de los acantilados que dan forma a toda la isla pero muy, muy arriba.
Santa Cruz, es pequeña y con un centro 'historiado' renacentista y barroco que no en vano llegó a ser el tercer puerto imperial hispano en su esplendor tanto militar como comercial como parada obligada hacia las Indias. Tiene más que un paseo. Para comer o cenar picando algo: en el paseo marítimo el Cuarto de Tula o la arepería Cosmos Venezuela. En las afueras fuimos al Chipi Chipi famoso por su parrilla de carnes y mojos.
Pequeñas localidades se extienden por la isla muy aisladas entre si por barrancos; quien sea propenso a los mareos viajando por carretera no disfrutará mucho de algo tan guapo como La Palma, pero sin duda merece la pena. Espectacular para caminar y para rular en bici con una buena forma fìsica; obviamente para turismo familiar con peques existen mejores destinos. La Caldera no defrauda, aparte de la nube casi permanente. Para visitarla, que no es fácil, acudir antes el Centro de Visitantes de El Paso e incluso reservar alguno de los accesos. Se puede patear cómodamente por parte de las rutas, otras son complicadas y difíciles especialmente si como en nuestro caso las lluvias de semanas anteriores contribuyen con derrumbes y daños variados.
La segunda parte del viaje: EL HIERRO. Aún más pequeña, nos recibió con lluvia. Realmente parece tener muchos climas en uno: calor y sol al llegar al aeropuerto; más fresco al subir en altitud hasta Valverde; y lloviendo en el GOLFO-FRONTERA; su parte occidental abierto al atardecer. También verde y florido; tranquila y serena. Pero muy, muy alta sobre los acantilados.
Sin conseguir vislumbrar ni una triste ballena durante los 40 minutos de vuelo, el aeropuerto está a ocho kilómetros de VALVERDE, que no parece mucho más grande que por ejemplo Vegadeo en Asturias. Recomiendo el restaurante LA MIRADA PROFUNDA donde por 66€ dimos cuenta de un pulpo, papas arrugás y dos peces rojos enormes, regado por vino de la isla. Desde VALVERDE a EL GOLFO-FRONTERA se atraviesa el túnel famoso por el reciente cierre que evita una agitada kilometrada por la montaña interior entre los dos principales núcleos isleños; en su cumbre el restaurante Mirador de la Peña diseñado por César Manrique
Aunque reducida, los tiempos de desplazamiento en la isla son largos necesariamente, pero no se puede quitar el mérito de que sus caminos y respecto a España si llevan al fin definitivo tanto hacia el sur como al oeste; y eso es algo que justifica el viaje sin duda. La costa es acantilada y abrupta sin puertos prácticamente, y la meseta superior ubicada entre 300-400 metros de altitud es la que da cobijo a las poblaciones como Frontera o Sabinar. Y desde ella las pendientes vertiginosas alcanzan los techos hasta casi los 1500 metros a no más de 1 kilómetro lineal de la costa. Así que tener en cuenta tanto el mar de nubes y la lluvia horizontal así como la diferencia marcada entre la vertiente oriental y occidental.
Poco que añadir a lo conocido del joven pueblo de LA RESTINGA al sur, más que ahora a pesar del volcán se encuentra muy afectado en sus ingresos de turismo, pesca y conservas. El PARADOR amenaza también crisis económica y aprovecha a reformarse (si permanece). Y aguanta el conocido hotel más pequeño del mundo de Punta Grande justo a la salida del tunel.
Para disfrutar: desde Frontera hasta Sabinosa siguiendo la costa y acercándose a los puntos de baño como El Charco Azul o el de los Sargos, la playa del Verodal y el Pozo de la Salud; hacia Valverde con Pozo Las Calcosas y su escalera vertiginosa para llegar a un agua embravecida; al oeste el Faro de Orchilla y el monumento al meridiano '0' anterior al de Londres; las sabinas en el Sabinar moldeadas por el viento; el mirador de Bascos, el área recreativa del Hoyo del Morcillo con el gran pinar que lo acoge.
Para finalizar y aunque a muchos se nos escape en ocasiones, recomendar como una gran ciudad con muchos matices y para disfrutar como turista con más ojos que solo interés en cacharrería electrónica está la capital de Santa Cruz de Tenerife; luces y sombras pero puntos interesantes de ver como el 'Calatrava, el paseo marítimo, el mercado y muy cercana en tranvía La Laguna (alguien se acordará aún de mi gorra cubana con el Ché olvidada en un café. Y recordar El Puntero como taberna típica para ponerse bien con pulpo y mojo en Santa Cruz.
Siempre para recomendar CANARIAS y la Macaronesia.
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